Los planes de gobierno para Bogotá y Medellín, entre otros centros urbanos del país, deben comprometerse con mejoras significativas y detallar intervenciones de gran alcance para mejorar las condiciones de la calidad del aire.

Hoy es posible. Hoy tenemos todo lo que se necesita y no se puede responsabilizar a Ecopetrol ni encontrar refugio en argumentos asociados con tecnologías costosas o que se encuentran lejanas a nuestra capacidad de implementación. Por el contrario, cuatro años de gobierno son tiempo suficiente para prometer y demostrar resultados concretos en esta materia.

Empecemos con el combustible. Como consecuencia de la Ley 1205 de 2008 y el liderazgo ejercido por la petrolera estatal, en particular durante su actual administración, hoy en día el diésel que se refina y vende en Colombia alcanza los más altos estándares de calidad.

Esto es cierto en el sentido literal de la expresión: Ecopetrol produce actualmente mezclas de diésel de 10 partes por millón de azufre (la impureza que se encuentra asociada con la tendencia de generar material particulado durante la combustión), indicador equiparable a las más exigentes normas ambientales de Europa o California. En suma, aquí la tarea ya está hecha.

El segundo componente es la tecnología de control de emisiones, que captura y destruye las partículas que de todas formas se producen, dadas las altas temperaturas y presiones de trabajo de los motores diésel (y no obstante las mejoras en el combustible). En este sentido, Colombia puede, y debe, hacer uso de la larga y exitosa experiencia de la industria automotriz mundial, la cual es proveedora y referente de mucho de lo que ocurre en este sector a nivel nacional.

En concreto, la combinación de filtros de gases y partículas que logran el cumplimiento del denominado estándar de emisiones EURO VI (el más exigente a la fecha en lo relacionado con descargas de contaminantes vehiculares) se encuentra ampliamente disponible en el mercado internacional y es resultado de una extensa evolución que data de 1993, momento en que entró a regir la norma EURO I.

La implementación normativa de límites para las emisiones, en particular para el transporte de carga y de pasajeros es, sin duda alguna, el principal responsable de la mejoría en la calidad del aire observada en el siglo XXI en numerosas ciudades del continente europeo, así como en la misma América Latina (especialmente en México y Chile). Aquí no tenemos que inventarnos nada. Solo hay que seguir la buena y demostrada práctica internacional y hacer cumplir lo establecido en la recientemente promulgada Ley 1972 de 2019.

Lo anterior sumado a que se ha demostrado plenamente y en todo rigor, que las ganancias de limpiar el aire superan con creces los costos de las acciones para lograr tal objetivo. En Bogotá, siendo un caso típico en estas valoraciones, se sabe que por cada peso que se invierta en descontaminación, se generan 7 pesos en beneficios económicos y de bienestar para la población. Pocas intervenciones a nivel urbano logran este elevado nivel de retorno social y ambiental.

Candidatos y candidatas: sin excusas, sin calificativos, sin matices; esperamos sus compromisos y sus ejecuciones para que los ciudadanos podamos respirar tranquilamente.

Fuente: Eduardo Behrentz – www.semana.com